Informacion recuperatorio y Caso Promoción. Chivilcoy 2019

Caso para el parcial promoción Chivilcoy 2019

La Sra. L., de 52 años, ha gozado, desde su infancia, de una buena salud. Ha tenido grandes preocupaciones escrupulosas en su primera comunión. Ha debido dedicarse demasiado a la masturbación desde pequeña, porque su madre, habiéndose apercibido de ello, le hizo reproches acerca de ese asunto en diversas ocasiones; debió continuar con ese vicio mucho tiempo, porque cuando hace alusión a sus costumbres, no parece turbarse y se limita a responder: “oh, no es eso lo que me ha enfermado”. A los 15 años, después de haber leído una novela en la que moría prematuramente una muchacha, fue presa, durante algunas semanas, de la idea de la muerte, de la inutilidad de la vida, de la fragilidad de las esperanzas humanas. Eso pasó pronto. Imaginaba que esa muerte temprana le ocurría a su hermana mayor, con quien siempre mantuvo una relación de rivalidad y celos por ver quién era la favorita en el amor de sus padres. Aunque obstinada, solía resignar sus intereses en pos de mostrarse como la más bondadosa de las hijas frente sus progenitores. Se esmeraba desmedidamente en ello, se alegraba cuando su exigente padre la reconocía como “la más limpia y prolija de la casa”, y no cejaba en sus esfuerzos para estar a la altura de esos ideales.
Casada a los 16 años, enviudó a los 18, después de tener un hijo, con el cual todavía vive. Durante el período de crianza del bebé, tuvo miedo de ejecutar acciones inconvenientes o deshonrosas, a robar, a hacer “cosas malas”, a herir a su hijo. Se trata de temores que, por otra parte, nunca se han realizado. Se preguntaba constantemente si no había cometido una mala acción y, aunque sabía la respuesta, no podía dejar de hacerlo, lo que la martirizaba. Por la noche, hacía levantar dos o tres veces a su marido para que se asegurara de que no había colocado ella, malévolamente, alfileres en la cama donde dormía su hijo.
A los 28 años, se ha visto de repente invadida por una tristeza profunda, con una necesidad angustiosa de conocer el origen y la marcha de las ideas, las leyes de su asociación, su lugar exacto en la vida psíquica. Esto duró algunos meses y luego, por mucho tiempo, su pensamiento no sufrió ninguna perturbación. A los 48 años los pensamientos reaparecieron de pronto, más violentos y tenaces que nunca, y en las circunstancias siguientes: estaba molesta por los gritos de un niño; súbitamente le surgió la idea de preguntarse cuántas veces ese niño había gritado, y no pudiendo dar a esa pregunta una respuesta satisfactoria, sufrió una angustia inexplicable. Desde ese día, tiene pensamientos que no la dejan en paz: se plantea cuestiones absurdas que la vuelven muy desgraciada. Trata, sobre todo, de conocer el origen de las ideas, cómo nacen, cómo se encadenan, si tienen un sustrato material. Se pregunta, ansiosamente, qué pensaría ella en determinado día o dos años antes, o qué pensaría otra persona en determinado momento. Estas vanas interrogaciones sobre problemas insolubles la fatigan y la enervan, la colocan en la imposibilidad de dedicarse a toda ocupación seria, le impiden dormir de noche. Procura luchar contra esa ideación fija que la gobierna, tratando de distraerse pensando en su hijo, en viajes, o repitiendo para sí ciertas fórmulas conjuratorias. Sus pensamientos son tan tenaces y torturantes, que por momentos tiene miedo de volverse loca.
Junto con estos pensamientos, padece de otros fenómenos mórbidos: no come jamás duraznos porque tienen pelusa; tiene gran aprensión a tocar terciopelo o ciertas telas de algodón; tiene también un tenaz temor supersticioso al viernes y al número 13. Comprende lo infundado y absurdo de sus preocupaciones enfermizas pero no puede sustraerse de la angustia que le provocan.

 

 

HORARIO DE RECUPERATORIO Y EXAMEN PROMOCIÓN ES DE 9 A 11 HS.

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